Día del Despachante de Aduana: facilitar sin descontrolar

Día del Despachante de Aduana: facilitar sin descontrolar

Por Hector Guillermo Vidal Albarracín

Cada 16 de agosto se celebra el Día del Despachante de Aduana. Este año la fecha ofrece una buena oportunidad no sólo para homenajear una profesión, sino para preguntarnos cuál debe ser su lugar en un comercio exterior que pretende ser más ágil sin resignar controles.

El DNU 70/2023 procuró flexibilizar y facilitar el comercio internacional y, entre sus fundamentos, formuló una crítica particularmente severa: sostuvo que los despachantes, en lugar de asesorar a los operadores y auxiliar al Servicio Aduanero, en ocasiones los asistirían para eludir el control.

El argumento merece ser examinado.

Si existen conductas de connivencia, deben investigarse y sancionarse. Pero para bailar un tango hacen falta dos. No parece razonable convertir la eventual actuación irregular de algunos profesionales en fundamento para debilitar la exigencia de idoneidad de toda una actividad. Menos aún cuando el remedio puede terminar debilitando aquello que se pretende proteger: el control aduanero.

Una declaración aduanera no consiste simplemente en cargar datos en un sistema. Hay que saber qué mercadería se declara, cómo se clasifica, cuánto vale, cuál es su origen, qué tratamiento tributario corresponde y qué prohibiciones pueden alcanzarla.

Por eso el Código Aduanero concibió al despachante como Auxiliar del Comercio y del Servicio Aduanero. Su idoneidad permite un doble control: el del profesional que prepara y formula técnicamente la declaración y el de la Aduana que luego la fiscaliza.

La paradoja resulta evidente. Mientras nos preocupa el contrabando y reconocemos la creciente sofisticación de sus modalidades, una reforma destinada a facilitar el comercio puede abrir brechas al sustituir conocimiento especializado por la figura más amplia del simple declarante.

Facilitar no debería significar desprofesionalizar.

Un sistema moderno necesita rapidez y tecnología, pero también debe poder confiar en quien formula una declaración. Y esa confianza no puede descansar solamente en identificar quién presionó una tecla: requiere idoneidad, responsabilidad y trazabilidad.

Quizás ese sea el mejor homenaje en este Día del Despachante de Aduana: recordar que su función no se justifica por tradición ni por privilegio, sino por algo mucho más actual.

Cuanto más complejo es el comercio exterior, más —y no menos— conocimiento necesita su control.

 


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